Moscas buceadoras, conocidas científicamente como Ephydra hians

21 de November del 2017

Madrid

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El escritor estadounidense Mark Twain ya observó este curioso fenómeno hace más de un siglo. En su libro de viajes «Pasando fatigas», escribió: «Puedes mantenerlas bajo el agua (a las moscas) el tiempo que quieras, no les molesta, solo están orgullosas de ello. Cuando las dejas ir, salen a la superficie tan secas como un informe de la oficina de patentes, y se marchan tan despreocupadamente como si hubieran sido educadas especialmente con el fin de ofrecer un entretenimiento instructivo al hombre».El lago Mono, justo al este del Parque Nacional Yosemite, en California, tiene uno de esos paisajes casi irreales que parecen sacados de otro planeta. En sus aguas hipersalinas fue donde científicos de la NASA encontraron a la famosa bacteria que vivía del arsénico, anuncio que resultó ser un fiasco. Pero sí es totalmente real uno de los más extraños huéspedes del lago, una mosca diminuta que se arrastra bajo el agua para alimentarse y poner sus huevos, pero que cada vez que sale aparece completamente seca.

Ephydra hians
Ephydra hians - Dickinson Lab

Biólogos de la Universidad Tecnológica de California Caltech se interesaron de manera similar por estas moscas buceadoras, conocidas científicamente como Ephydra hians, en unas vacaciones en Yosemite hace 22 años, pero no ha sido hasta ahora que han intentado resolver el misterio. Sus resultados aparecen publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

«El lago Mono tiene un ecosistema muy delicado y único», afirma el investigador Floris van Breugel, ahora en la Universidad de Washington. «Nos interesamos por estas moscas no solo porque su comportamiento es tan inusual, sino porque son una especie crucial para el ecosistema y la red alimentaria del lago. Actúan como fuente de alimento para las arañas y para las aves migratorias y que anidan allí», explica.

El Mono no es un lago de agua dulce normal. No solo es tres veces más salado que el océano, también está lleno de carbonato de sodio y bórax, que es esencialmente detergente para la ropa. El alto pH del agua le da una textura resbaladiza y casi aceitosa. Ningún pez u otros vertebrados sobreviven allí, aunque las algas y las bacterias son abundantes. Por lo tanto, para una mosca, las profundidades del lago pueden parecer atractivas: no hay depredadores y sí mucha comida. Sin embargo, solo hay un obstáculo que superar primero: mantenerse seco bajo el agua.

Para algo del tamaño de una mosca diminuta, la tensión superficial del agua es poderosa, convirtiéndola en una trampa mortal. Todos los insectos necesitan ser repelentes al agua, o hidrofóbicos, para que coexistan con la lluvia y el rocío en sus ambientes. La mayoría puede lograr esto al lucir una capa de pelos cortos y erizados cubiertos con una sustancia cerosa que les permite repeler el agua en su mayor parte. Es como llevar una buena gabardina.

Sin embargo, debido a su peculiar composición química, el agua del lago Mono es particularmente buena para romper las defensas peludas de un insecto vulgar. Según los investigadores, esto se debe a que la superficie del lago contiene una capa delgada de iones de carbonato cargados negativamente. Cuando una mosca común se acerca demasiado al agua, los iones son atraídos por las cargas positivas en la piel de la mosca y el agua es empujada entre los pelos protectores, mojando a la mosca.

Dentro de una burbuja

Entonces, ¿cómo se las arregla la Ephydra hians para mantenerse seca en la que puede ser el «agua más húmeda del mundo»? Pues resulta que estos insectos crean una burbuja protectora de airealrededor de su cuerpo cuando se introducen en el agua del lago. Esta burbuja es el resultado de un fenómeno extremo repelente del agua llamado superhidrofobicidad. Las moscas son capaces de hacer esto, descubrieron los investigadores, porque son más peludas que la mosca promedio y cubren sus cuerpos y pelos con ceras que son particularmente efectivas para repeler el agua rica en carbonato. También tienen grandes garras en sus patas, lo que les permite arrastrarse sobre las rocas bajo el agua al tiempo que resisten la fuerza naturalmente flotante de la burbuja. Sorprendentemente, la burbuja no tapa los ojos de la mosca.

El equipo comparó el rendimiento de estos insectos con una variedad de moscas diferentes, incluidos algunos parientes cercanos. Ninguna otra mosca fue capaz de hacer algo comparable. Además, cuando a las moscas del lago Mono se les disolvió su cera, perdieron su capacidad de formar una burbuja superhidrófoba, lo que sugiere que las ceras de la mosca son fundamentales para este fenómeno.

«No es que las moscas del lago Mono hayan desarrollado una forma nueva y única de mantenerse hidrofóbicas; es que han amplificado las herramientas normales que usan la mayoría de los insectos», dice Michael Dickinson, autor del estudio. «Es un negocio tremendo. No hay nada bajo el agua que te pueda comer y tienes toda la comida que quieres. Simplemente tienes que bucear en quizás el agua más difícil en la que permanecer seco en el planeta. (Estas moscas) descubrieron cómo y disfrutan de una historia de vida extremadamente única. Es sorprendente cómo la evolución de estos cambios físicos y químicos a pequeña escala puede permitir que un animal ocupe un nicho ecológico completamente nuevo», argumenta.

Dickinson cree que su investigación puede continuar de varias formas. Por un lado, con el estudio de la química de las ceras de estas moscas tan especiales y por otro, por su increíble capacidad para sumergirse deliveradamente en el agua.